La profesionalización del fútbol femenino no solo exige mejoras salariales y de infraestructura, sino también la certeza de que tu cuerpo está en condiciones reales de soportar la exigencia. En este sentido, Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) ha consolidado una herramienta fundamental: un registro histórico y detallado de los aptos físicos, marcando un antes y un después en el cuidado deportivo en Sudamérica.
El informe oficial, que abarca el período entre 2021 y mediados de 2026, expone un seguimiento exhaustivo que erradica la idea del apto físico como un simple trámite administrativo. Año a año y sin excepción, cada jugadora debe someterse a una batería de estudios base para salir a la cancha: análisis de sangre y orina completo, electrocardiograma, ergometría, ecodoppler y chequeo odontológico.
A lo largo de estas temporadas, el área médica del gremio desarrolló evaluaciones bajo este rigor a 3.290 a futbolistas, requiriendo además 103 estudios médicos complementarios (como holters y resonancias cardíacas) para profundizar frente a cualquier duda y garantizar diagnósticos certeros.
Prevención activa frente a problemas silenciosos
El inmenso valor de este registro histórico es su capacidad para detectar a tiempo lo que el jugador no siente en el día a día. Durante estos cinco años, la obligatoriedad de estos exámenes permitió detectar 122 afecciones en las futbolistas evaluadas.
El análisis de los datos arroja información clave para el alto rendimiento. La afección más recurrente ha sido la anemia (con 65 casos detectados), con un pico significativo durante la temporada 2024. A esta le siguen alteraciones silenciosas pero peligrosas como la dislipemia o problemas de colesterol (19 casos) y, en menor medida, infecciones urinarias y alteraciones en la bilirrubina.
La seguridad de jugar sin riesgos
El rigor de este proceso médico cumple un rol vital: cuidar a la persona detrás de la camiseta. De las 3.290 evaluaciones realizadas, 3.283 futbolistas obtuvieron su apto físico. Los 7 casos en los que se denegó la habilitación demuestran que el sistema funciona y no mira hacia otro lado, evitando que una deportista ponga en riesgo su vida por competir sin estar en condiciones médicas seguras.
Contar con un registro histórico de afecciones, estudios y evaluaciones permite construir un mapa real de la salud de las jugadoras. El alto rendimiento te exige al máximo, y el respaldo médico tiene que estar a la misma altura.