El 2026 que acaba de iniciarse asoma como un año bisagra. El Mundial volverá a concentrar la atención global, las emociones y los sueños de infinidad de futbolistas. Para algunos, el año significará el arribo a la cima de su carrera. Para muchos otros, una cita de impacto incluso sin estar en la cancha: por contratos, calendarios, salud, estabilidad laboral y derechos que se juegan lejos de los reflectores.
Sergio Marchi, presidente de FIFPRO, habló sobre estos retos y oportunidades que tiene por delante el sindicato mundial de futbolistas en un año mundialista.
FIFPRO.org: Sergio, hemos comenzado un año especial con la llegada de una nueva edición de la Copa del Mundo. ¿Qué significa este momento para FIFPRO y para los futbolistas de todo el mundo?
Sergio Marchi: Es un año sumamente especial y maravilloso porque el Mundial es el anhelo de cualquier futbolista. Desde que se inicia sueña con eso: ser convocado, disfrutar la fiesta más importante que tiene el deporte a nivel mundial. No hay nada igual.
El mensaje, como FIFPRO, es que lo disfruten al máximo. Que lo gocen de la mejor manera. Por otro lado, y esto también debemos decirlo, es nuestra responsabilidad acompañar con una reflexión necesaria sobre el cuidado de los jugadores: la sobrecarga de trabajo y la cantidad de partidos disputados atentan contra el equilibrio necesario para que el Mundial siga siendo lo que debería ser.
¿Podría explayarse al respecto?
Se lo he comentado en persona al presidente de la FIFA en una entrevista que tuvimos allá por enero del año pasado. Le pregunté cuál fue, en su opinión, el mejor Mundial de la época moderna; cuál fue la mejor final. Él me contestó que el de Qatar y la mejor final, Argentina-Francia. Y yo le contesté que eso ocurrió porque los futbolistas llegaron a esa cita a mitad de temporada, descansados, con una carga de partidos que no alcanzaba el 40% de lo que habitualmente acarrean en cualquier otro Mundial. Entonces eso hay que tenerlo en cuenta. Lo he hablado con muchos futbolistas. 2022 ofreció una gran final y un gran Mundial, producto de que los futbolistas llegaron bien descansados desde el punto de vista psíquico y físico.
Se ha mencionado mucho el poderío comercial de la Copa del Mundo. ¿Diría usted que los futbolistas obtienen una participación justa en las ganancias?
El futbolista, cuando llega un Mundial, en lo que menos se preocupa es en el rédito económico. Jugar es el sueño de su vida. Ahora bien, el futbolista es el que menos percibe en forma directa. Y en forma indirecta prácticamente no percibe nada.
Deberíamos revisar la distribución que generan esas cuatro o cinco semanas de trabajo de los futbolistas de élite. Que esos futbolistas estén en un Mundial también es el resultado de un camino colectivo, construido por miles de jugadores que forman parte de distintas competencias y hacen posible que los mejores lleguen a ese escenario. Creo que ese dinero generado por la industria no se derrama en forma ecuánime.
Pero esto no es una crítica, sino una observación objetiva. Me gustaría que en algún momento lo podamos discutir para el bienestar general del juego.
Teniendo todo esto en cuenta, ¿cuál es el desafío más importante de este año? ¿Y qué rol que debe jugar FIFPRO en ese contexto?
El reto fundamental es hacer que la competición sea lo más justa posible. Que todos los futbolistas lleguen con una carga de trabajo permitida, medianamente con el mismo descanso. Sabemos que los calendarios no lo permiten.
Esta es una discusión muy amplia de todos los sectores del fútbol, al igual que el tema climático. Ya lo hemos visto en el Mundial de Clubes. Debemos analizar mucho el horario en que se juegan los partidos, factores como la hidratación y el calor; pero no sólo para los futbolistas sino para los entrenadores, los árbitros, los que colaboran y los espectadores. El fútbol es de todos, no es potestad de una sola persona o de un solo sector.
A mí me gustaría invitar al diálogo para discutir estas cosas entre todos los sectores, para poder lograr una comunión y hacer que esta fiesta sea incluso mejor de lo que ya es.
Es lógico que el Mundial se lleve las miradas de todos, pero la gran mayoría de los y las futbolistas profesionales viven realidades totalmente diferentes. ¿Cuáles son las principales problemáticas que afrontan este año?
Está bien que festejemos la fiesta mayor del fútbol, pero luego tenemos que ocuparnos de un montón de futbolistas que desarrollan la actividad a nivel mundial y que sufren un montón de flagelos. Por ejemplo, el incumplimiento de contratos: una violencia económica para los, las futbolistas y sus familias. Hay jugadores que no tienen cobertura de salud ni seguridad social; que no tienen contrato como mínimo por un año, que tienen incertidumbre y no cobran su salario en término. Estamos hablando de más del 50 por ciento de los futbolistas del planeta…
Yo podría contar miles de anécdotas de chicos que no perciben sus salarios, que juegan seis meses al año y de esos seis meses cobran sólo dos. Eso hay que solucionarlo. ¡Estamos en el siglo XXI! Hay mucha falta de control, o controles demasiado débiles.
Hay que resolverlo, necesitamos trabajar. Y acá es donde uno tiene que invitar a la FIFA, a las Confederaciones y a los clubes, para que todos trabajemos en mejores herramientas. Si el fútbol supera esas dificultades, seguramente vamos a tener un mejor producto.
¿Qué tan importante es el diálogo abierto entre todos los actores de la industria para superar esas dificultades?
El fútbol es una industria globalizada y muy dinámica en la que todos debemos participar: clubes, ligas, futbolistas, Confederaciones, FIFA. Tenemos que tener la inteligencia y la adultez para poder escucharnos, cosa que a veces no ocurre. Nosotros, desde nuestro lugar como futbolistas, podemos aportar un montón de cuestiones que en otros sectores no se valoran.
Por ejemplo, el fútbol mantiene una deuda pendiente con muchos jugadores y jugadoras que no alcanzan visibilidad ni reconocimiento, pero que son tan esenciales para el juego como cualquier otra figura. Ellos también mantienen la industria. Por eso, uno de los desafíos que tenemos que asumir todos los actores del juego, en forma colectiva, es generar alguna fórmula de retribución universal al final de la carrera de todos y todas. La industria tiene la capacidad económica para hacerlo y, más allá de lo financiero, existe una responsabilidad moral de avanzar en ese sentido.
¿Qué es lo que puede aportar FIFPRO en ese tipo de discusiones?
FIFPRO es una organización única porque es el primer mostrador al que acude un futbolista cuando tiene un problema. El sindicato es el que abraza, contiene y resuelve el problema del jugador. De todos los actores del fútbol, somos los que tienen la información más precisa y aguda de lo que ocurre con la vida de los y las futbolistas. Estamos todo el día en el territorio, hablamos con el futbolista, con su familia, conocemos a sus hijos. Todo eso nos da acceso a una información de primera línea que, volcada a los otros sectores, tiene todo para mejorar a la industria.
Como la única organización que representa a los y las futbolistas profesionales a nivel global, ¿qué mensaje quiere hacerles llegar este año?
El mensaje más importante es la unión. Todos los derechos en la historia del sindicalismo han sido conseguidos por unidad y lucha. Hay que seguir luchando, trabajando y solicitando la participación de una parte actora muy importante. Tenemos que lograr que nuestra palabra se amplifique para que el resto de los sectores nos escuche con atención y, así, ayudar a tomar las mejores decisiones para el beneficio de todos. Compromiso, participación y una sola voz – es lo que necesitamos para colaborar en una mejora notoria.
FUENTE: FIFPRO